EL CARNAVAL DE TUZAMAPAN

Una centenaria tradición que se conserva en la región de Coatepec es el famoso Carnaval de Tuzamapan con 106 años de celebrarse, el cual inicia el miércoles con la quema del mal humor, la coronación de los reyes infantiles y de la reina. El domingo y lunes se llevará a cabo la actividad más esperada por la población, con la participación de un buen número de habitantes en el desfile de los llamados “Viejos del Carnaval”, principal actividad de la festividad donde lo mismo participan niños, jóvenes y adultos.

El carnaval es una práctica pagana que llega al territorio americano durante el proceso de evangelización, difundiéndose de tal forma que adquiere características muy particulares entre los diversos grupos sociales, debido en buena medida a la serie de reinterpretaciones y procesos sincréticos entre las sociedades indígena, agromestiza y mestizos. Como en toda practica cultural se ha generado una serie de cambios a través del tiempo, sobre todo con la introducción de nuevos accesorios, vestimentas, instrumentos musicales y actividades artísticas entre otras modificaciones. Sin embargo, también podemos reconocer que hay sus excepciones, principalmente en las comunidades más alejadas de los grandes centros urbanos, donde se conservan los rituales de carnaval apegados a los usos y costumbres locales.

En el caso del Carnaval de Tuzamapan es evidente que no ha escapado al dinamismo cultural, y en la actualidad podemos observar la resistencia de los adultos por mantener los elementos tradicionales, ante el empuje de los cambios introducidos por las generaciones de jóvenes, y por ende el desplazamiento de la vestimenta, tocados y máscaras tradicionales.

Actualmente son pocas las personas de la localidad, dedicadas a la manufactura de los accesorios tradicionales que conforman el atuendo de los denominados “Viejos del Carnaval”, los cuales se caracterizan por el llamado “bonete”, máscara, camisa de manga larga preferiblemente en color blanco, saco, capa, corbata, pantalón de vestir, botines, polainas con cascabeles y machete de madera.

En lo referente a los “bonetes”, sobresalen por su calidad los manufacturados por la señora Eutiquia Rosas Cid y suS nietos Marcos Méndez Cid, quienes se dedican tradicionalmente a elaborar pacientemente cada una de las partes que conforman el tocado, mismo que se integra por un sombrero preferentemente de los llamados de “cuatro pedradas”, a cuyo rededor se van afianzando con alambre cada una de las varas que conforman la estructura. El segundo paso es forrar con pedazos de papel de china, tanto el sombrero como las varillas, ya seco el sombrero se le pegan los llamados “chinos”, en si pequeñas tiras de papel que presenta cortes a intervalos. Posteriormente se van pegando una a una las flores de papel crepe en colores llamativos y los llamados mechones (tiras de papel recortado menudamente) los cuales pueden alcanzar una extensión de entre 40 y 50 centímetros, mismos que se pegan y aseguran amarrándolos a las puntas de las varillas dispuestas horizontalmente. Los “bonetes” tradicionales tienen la forma de triángulo invertido, pero en los últimos años se ha introducido nuevos modelos como son: estrellas o aviones, e incluso han sido desplazados por cascos con cuernos de madera o de toro, y en otros casos por sombreros de charro.

Las máscaras son imprescindibles en la vestimenta de los “Viejos del Carnaval”, y actualmente se usan en algunos casos de plástico o las llamadas “peludas”, pero todavía se pueden observar las tradicionales de madera. La mayoría elaboradas por el artesano Pedro Sol Sánchez, quien cuenta con una experiencia de 55 años en la manufactura de las máscaras y machetes de madera para a festividad. Don Pedro recuerda con orgullo como se inició en el trabajo artesanal, copiando un antiguo modelo que había llegado a sus manos, y experimentando con la madera de equimite elaboró sus primeras piezas.

El procesamiento de las máscaras implica dedicación y destreza en el manejo de las materias primas; la madera que utiliza es la de equimite, misma que deja secar unos 20 a 30 días para evitar se enjute posteriormente la pieza, ya seca la madera, realiza los trazos necesarios y empieza a labrar el interior con una pequeña hachuela y en el refinado de los detalles utiliza un cuchillo. Nuevamente deja secar otro tiempo la pieza, antes de darle el acabado final con la aplicación de la pintura de aceite, para lo cual utiliza diversos colores en el trazado de diversos dibujos como por ejemplo: corazones, líneas ondulantes y el delineado de ojos, cejas, bigotes. Actualmente junto a las tradicionales piezas, elabora nuevas formas entre las que destacan, venados, loros, tigres, leones y toros entre otras representaciones.

Agradecemos ampliamente todas las facilidades prestadas para la realización de la presente, a los estimados amigos profesor Isidoro Montero, a don Pedro Sol Sánchez, señora Eutiquia Rosas Cid, y Marcos Méndez Hernández.

Jesús Javier Bonilla Palmeros, Cronista oficial de la ciudad de Coatepec, Ver.