Jesús Javier Bonilla Palmeros 

Cronista oficial de la ciudad

En días pasados le preguntaron a un servidor, sobre la antigüedad de la tradición de construir “altares” a los difuntos en “Todos Santos”, la respuesta inmediata fue que se pierde en el tiempo la práctica cultural y o podemos establecer una fecha específica. En cambio, sí podemos aseverar que la costumbre de honrar a nuestros difuntos se circunscribe a un proceso de larga duración, a lo largo del cual se revitaliza las ideas, símbolos y estructuras asociadas a los espacios donde llevan a cabo los rituales. De tal forma que, para acercarnos a la serie de concepciones en torno a la muerte, es necesario analizar materiales arqueológicos, fuentes documentales históricas, datos etnográficos y referentes iconográficas al interior de una sociedad.

En colaboraciones anteriores se abordó el tema de los altares y cargas simbólicas de los mismos, a partir de su estudio de contextos domésticos y las entrevistas a informantes de edad avanzada. A fin de ampliar el panorama ideológico en relación con las prácticas mortuorias al interior de la sociedad Coatepecana, realizamos una visita al cementerio municipal el día 2 de noviembre, fecha en la que una buena cantidad de personas visitan las tumbas de sus familias como marca la tradición.

Sorprende la diversidad de manifestaciones que se desarrollan en el cementerio el día 2 de noviembre, rasgo que le da mayor variabilidad a la serie de concepciones que despliega el mexicano en torno a la muerte. La constante en ese día es el de arreglar los sepulcros de los seres queridos con flores naturales y/o artificiales, algunos pintan las tumbas, otros barren o pintas las lápidas, y en lo referente a las tumbas comunes mínimo son liberadas de maleza.

Nos sorprendió el encontrar una sola familia que, siguiendo la costumbre, compartía los alimentos amenamente en comunión con el difunto, sobre la lápida de la tumba. Tradición que se va perdiendo lentamente entre las nuevas generaciones por diversos factores entre los que destacan los de carácter ideológico y económico, entre otros.

Destacan algunos arreglos de los sepulcros por ser singulares muestras de amor entrañables como aquella tumba de cuya cruz pende un osito de peluche, o de otras donde los rehiletes, muñecos, carritos y demás juguetes marcan el sepulcro de un infante. En sí referentes modernos y versiones actuales en formas simbólicas, para referir a una actividad relacionada con un monumento de la existencia del ser humano, o en su caso el integrar los objetos a manera de ajuar funerario e indicar la condición infantil del fallecido en su vida eterna. En otro caso el ramo de flores y un papel doblado espléndidamente en forma triangular, denota una muestra de relación y comunicación entre los vivos y los seres queridos que se nos adelantaron. Se trataba de una pequeña, pero muy significativa carta, cuyo contenido podía adivinarse al leer el título de la misiva colocada al pie de la lápida “Te amo abuelito”, muestra de amor fraternal escrito en un pequeño papel, el cual no se aleja de otra expresión gráfica ubicada en una tumba metros adelante, donde se dispuso un corazón formado con pequeñas flores aterciopeladas, sobre una alfombra de pétalos de cempoalxochitl.

En otro espacio del cementerio, un grupo de músicos entonaban las canciones preferidas de la persona fallecida, mientras sus descendientes con la tristeza reflejada en los rostros evocaban quizá la imagen maternal en plenitud. En contraste a otras personas que sentadas en la lápida o a un lado de la tumba, compartían la soledad y recitaban en silencio alguna plegaria para el descanso en sus difuntos.

Una vistosa romería de personas se dispersaba entre las diversas tumbas, cuyas formas nos remiten a momentos y tendías plásticas, espacio donde se conjugan las hieráticas imágenes cristológicas, marianas, santos y angelicales rostros que denotan la diversidad de devociones. A la par de aquellos monumentos que transmiten mensajes de tristeza o amor fraternal, ya sea a través de los textos o las formas simbólicas, como el caso del árbol trunco para referir el fallecimiento de una infanta en el desarrollo de la vida, y su forma espiritual recreada en la pequeña ave que se posa en la cima del tronco. Pasos adelante otro mausoleo exhibe una columna quebrada, cuyos fragmentos yacen en el piso, cual referente neoclásico de la vida efímera. Expresión simbólica similar encontrada en la tumba que muestra

 

una recreación de la torre Eiffel trunca, a manera de analogía simbólica en relación con el fallecimiento de una persona en plenitud. En sí tumbas que reflejan a través de una variada iconografía, los recónditos sentimientos en torno al tercer momento del ciclo de vida del ser humano, y a la vez son referentes ideológicos en el devenir histórico de una sociedad.

Un verdadero mosaico de colores y expresiones, se circunscriben a un contexto simbólico, en el cual convergen las diversas manifestaciones religiosas y los referentes del culto popular distintivo de la cultura mexicana.

Referencias Bibliográficas 

Publicado en El Regional el sábado 7 de noviembre de 2015, número 2050, p. 11

 

#PANTEON #COATEPEC

Ubicación: Horario:
Cuauhtémoc, Loma del Suchilt. Coatepec

Lunes a Jueves 10:00 am a 3:00 pm

Viernes 10:00 am a 2:00 pm

Sábados y Domingos permanece cerrado

¿Cómo llegar?
Ruta Cultural Patrimonio Artístico Monumental