La ciudad de Coatepec a través del tiempo

Jesús Javier Bonilla Palmeros

Cronista oficial de la ciudad

 

Un recorrido a través del tiempo, permita a propios y visitantes, sopesar la importancia de la ciudad de Coatepec, a lo largo de su devenir histórico, así como el importante papel desempeñado por las diversas generaciones de coatepecanos en la conformación de la ciudad, desde sus propios orígenes hasta el presente.

Los terrenos donde se asienta la ciudad de Coatepec, formaron parte de asentamientos prehispánicos cuyo desarrollo podemos ubicar hacia el periodo denominado Clásico Tardío (600 – 900 d. C.), datación propuesta con base en la presencia de materiales culturales que se han hallado en algunos puntos del centro de la ciudad y el “Cerro de las Culebras”, como por ejemplo: las esculturas de un batracio y un gran recipiente de piedra que fueron encontradas en los patios de lo que actualmente es la terminal de la línea Azteca. De igual forma en la primera calle de Juan Soto, hace ya casi 76 años se descubrió una escultura antropomorfa de aproximadamente 40 centímetros de altura, la cual actualmente se encuentra desaparecida. Al igual que la figura de una ardilla hallada en terrenos donde estuvo ubicado el negocio de “La Campana”, frente al parque infantil.

También en el “Cerro de las Culebras” se han llevado a cabo diversos descubrimientos de materiales culturales prehispánicos, entre los que destacan: algunas caritas de barro, una pequeña máscara del mismo material; cuyas características permiten inferir una influencia de Teotihuacán hacia la región. Aparte de las grandes cantidades de tiestos y fragmentos de figurillas, halladas durante los trabajos de urbanización hacia el sector noreste del “Cerro de las Culebras”. Todos los materiales prehispánicos referidos, permiten proponer una extensión del asentamiento de “Campo Viejo”, en su segundo momento de ocupación hacia el denominado Clásico Tardío (600 – 900 d. C.). Posteriormente el lugar quedó deshabitado, y no se descarta la posibilidad de un desplazamiento de población hacia la parte alta del municipio de Coatepec, donde se han hallado materiales prehispánicos similares.

Hacia el siglo XIII de nuestra era, se dan una serie de movimientos por parte de grupos indígenas hacia el centro de Veracruz, en específico las avanzadas de filiación náhuatl procedían de la región de Cuauhtinchan en el actual Estado de Puebla. La migración de los citados grupos da origen a una serie de asentamientos prehispánicos en la zona serrana de Zongolica, así como la fundación de varios sitios en las faldas del Naucampatepec, hoy conocido con el nombre de Cofre de Perote.

Entre los asentamientos originados por el desplazamiento de los grupos nahuas a la región centro de Veracruz, se encuentra el sitio actualmente identificado con el nombre de “Coatepec Viejo”, el cual debió de integrarse por la población local y el grupo nahua recién llegado. A cuyo arribo procedieron a establecerse en varios puntos de la zona y dar inicio a la construcción del centro ceremonial, cuyos vestigios todavía podemos observar en la actualidad.

Los restos de cinco pequeños basamentos que conforman la pequeña plaza en lo alto del cerro conocido con el nombre de “Coatepec Viejo”, en realidad sólo corresponden al centro ceremonial de un asentamiento de mayores dimensiones, cuya población debió de distribuirse conforme a un patrón disperso, mismo que abarcó tanto las partes bajas como las cimas de algunas elevaciones. Aparte de que el viejo asentamiento de Coatepec era la cabecera de la unidad político-territorial integrada por varias parcialidades; entre las que destacan los sitios de Huilotepec y Quautlatepec, nombres de localidades que fueron registrados en las obras del presbítero Antonio Mateo Rebolledo y el doctor Rafael Sánchez Altamirano.

En el Archivo de Indias se resguardan actualmente una serie de documentos sobre el cultivo de la “Hierba Pastel” (Isatis Tinctorea) en la zona serrana de Chiconquiaco – Misantla y la región de Coatepec. Dichos documentos refieren la introducción del cultivo y beneficio de la planta tintórea hacia el año de 1537, lo cual permite inferir el reconocimiento de la población indígena nahua del asentamiento primigenio de Coatepec, por parte de las autoridades novohispana, así como la inclusión de los indígenas dentro del padrón de comunidades tributarias a la Corona Española. La introducción de la siembra y beneficio de la “Hierba Pastel” en tierras que correspondían al altepetl de Coatepec, se fundamenta en un contrato entre la Corona Española y los asentistas Alberto Cuon y Heinrich Ehinger, la primera aportando la extensión territorial y mano de obra indígena como parte de sus obligaciones tributarias, y los asentistas cubriendo los costos de semillas, herramientas agrícolas, la siembra, los cuidados, movilización y venta del producto (1). En realidad el proyecto se implementó durante aproximadamente dos décadas, y debido a diversos factores que generaron pérdidas económicas a los inversionistas, se determinó dar por concluido el contrato hacia 1555 durante el gobierno del virrey don Luis de Velasco.

Hacia el año 1555 llegaron los primeros religiosos franciscanos hasta el sitio de “Coatepec Viejo” con la intención de iniciar la conversión religiosa de la sociedad nahua, distribuida en la serie de parcialidades que integraban la unidad político-territorial, según datos aportados por el padre Rebolledo en su obra, quien consigna que a los cinco años de iniciado el proceso de conversión, se dio por concluido el proceso (2). Lo cual implicó el llevar a cabo una primera reducción de los pequeños asentamientos indígenas que integraban el altepetl (Coatepeque, Huilotepec y Quauhtlatepec), la mayoría de ellos ubicados en las últimas estribaciones del Cofre de Perote.

La justificación para llevar a cabo la primera congregación de los indígenas nahuas, debió ser el patrón disperso de los asentamientos, así como la ubicación de los mismos en un área de difícil acceso y lejos de la principal vía de comunicación en la región.

La primera reducción que se llevó a cabo con las parcialidades que integraban el Altepetl de Coatepec prehispánico, debió de llevarse a cabo al dar por concluido el proceso de evangelización. De tal forma que los religiosos franciscanos fueron parte fundamental en el convencimiento de la población indígena, y procedieron como en otros casos similares a conjuntar esfuerzos con las autoridades en lo referente a decidir el lugar idóneo para reubicar a la población desplazada. 

En muchos de los casos registrados para el periodo colonial, se buscaba que el nuevo asiento fuera ubicado en alguna planicie cercana al sitio primigenio, y se cuenta con varios ejemplos documentados, sobre nuevos asentamientos los cuales fueron dispuestos dentro de los límites geográficos de las antiguas unidades político-territoriales. No se descarta la posibilidad de que en algunos casos las autoridades novohispanas dieron cierta libertad a las comunidades indígenas, en lo referente a decidir sobre el lugar donde se establecería el nuevo asentamiento, permisividad aprovechada por las sociedades autóctonas para elegir algunos espacios donde se habían desarrollado pueblos muy antiguos ya desaparecidos, o bien el presentar algunas características geográficas que fueron interpretadas bajo convencionalismos simbólicos.

Existe la posibilidad de que los indígenas nahuas de la comunidad prehispánica de Coatepec, hayan influido en la decisión de establecer el nuevo asentamiento en el llamado “Plan del Cerro”, actualmente conocido como los “Carriles” y que la población se distribuyera en un amplio espacio que abarcaba los sitios conocidos como: Tlanalapa, El Tejocotal y Espinal Alto. Por tanto el referente geográfico del nuevo asentamiento lo fue el llamado “Cerro de las Culebras”, cuyo nombre es una traducción al castellano del topónimo nahua del asentamiento prehispánico. Aparte de integrarse por el binomio cerro-cueva dentro de una configuración geográfico-simbólica que hasta la fecha se mantiene dentro de la tradición oral de los coatepecanos, quienes refieren la presencia de san Jerónimo en una cueva del cerro conocido con el nombre de “Coatepec Viejo”, lugar donde tiene su bienes, los cuales se integran por las semillas, frutos y agua, mismos que comparte con los campesinos (3).

Con base en la refuncionalización del antiguo referente arquetípico, estructurado a partir de la concepción simbólica del cerro como receptáculo de los bienes altamente apreciados por las sociedades indígenas en la época prehispánica. Específicamente en la concentración de las semillas, frutos y el preciado líquido vital, se fundamenta una relación simbólica entre el cerro de “Coatepec Viejo” y el “Cerro de las Culebras”, en el sentido de que ambos se interpretan en la tradición oral con un carácter de contenedores acuáticos, al grado de que todavía podemos escuchar en voz de las personas ancianas de la comunidad la siguiente referencia ¡El día que caiga una tromba en Coatepec, el Cerro de las Culebras reventará e inundará toda la ciudad!.

La configuración del “Pueblo de Indios” debió de presentar un patrón semidisperso con los jacales distribuidos en relación a los solares asignados, por lo tanto debió de establecerse una estructuración de las casas habitación en relación a las calzadas trazadas. Lo cual no necesariamente implicaba que las construcciones estuvieran juntas como actualmente observamos en las ciudades.

Es a partir de la congregación del pueblo que se llevó a cabo la tasación correspondiente, la cual se establecía con base en la cantidad de familias indígenas, y la intención de la misma se enfocaba a definir las cantidades de tributo que se debían entregar a la corona española. Tiempo después se volvió a realizar una nueva tasación por el año de 1563, esto con el fin de ajustar el tributo que debían de entregar a las autoridades novohispanas, tal y como se especifica en el siguiente documento colonial: 

“…mandaron que de aquí adelante los dichos indios den en tributo a su Majestad ciento y setenta y cuatro pesos de oro común pagados por los tercios del año y más ciento e diez y seis hanegas de maíz al tiempo de la cosecha, puesto en la cabecera del dicho pueblo y no otra cosa alguna y para pagar el dicho tributo se reparta a cada tributario casado en todo el año seis tomines de oro común y media hanega de maíz e al viudo o viuda la mitad…” (4)

En las primeras décadas del periodo colonial, a los pueblos indígenas se les tasaba con cantidades específicas de productos en especie, tal y como podemos observarlo en la matrícula de tributos donde aparecen los pueblos sojuzgados por los mexicas y las cantidades de productos a entregar. Similitudes que nos permiten detectar la continuidad del sistema tributario indígena por parte de las autoridades novohispanas, hacia los primeros años de la colonia. Posteriormente cuando se estableció la Casa de Moneda en la Nueva España, y por consiguiente aumentó el circulante entre la población local, las tasaciones de los tributos se detallaron  con base en las monedas de curso legal. Característica que observamos en la tasación de los indígenas de Coatepec, quienes debían de entregar una parte de productos en especie y otra en circulante monetario de la época.

Los datos sobre las tasaciones de los “Pueblos de Indios” son de gran relevancia, porque nos darnos cuenta del tipo de producción local, así como un aproximado a la cantidad de habitantes en los asentamientos, razón por la cual podríamos suponer que la población de Coatepec se integraba aproximadamente por unas doscientas familias (5). En la misma tasación encontramos el referente histórico sobre la configuración de la unidad político-territorial, cuando se hace mención de que “el tributo fuera puesto en la cabecera del pueblo”, por tanto deducimos que ya se encontraba estructurado el asentamiento en relación a una cabecera y pequeños asentamientos o rancherías que debieron de funcionar como sus sujetos.

Hacía el año de 1580 se lleva a cabo la aplicación de un cuestionario enviado por la Corona Española, a fin de tener conocimiento sobre los asentamientos, tipo de población, recursos naturales, antecedentes históricos, entre otros datos. En el caso de la alcaldía de Xalapa, se elabora una relación que contiene información relevante de los asentamientos que integraban su jurisdicción, y en lo referente a Coatepec se informa lo siguiente:

“Guatepec de su Magestad

…este nombre quiere decir ‘Cerro de Culebra’, dixose porque los antiguos vieron allí una culebra; es tierra templada y muy sana; tiene algunas frutas de tierra caliente: asentado el pueblo en tierra llana a una yarda de poniente gran serranía montuosa: tiene dos ríos que lo cercan: son grandes y beben de una fuentecilla, el agua de la qual anda por todas las calles…” (6)

El solo hecho de haber sido registrada información sobre las características del asentamiento de Coatepec, permite deducir el reconocimiento del mismo como “Pueblo de Indios” por parte de las autoridades novohispanas. Mismo que a veinte años de haber sido fundado, presentaba una distribución acorde a los asentamientos coloniales con distribución de solares y casas de indígenas en relación a una estructuración semireticular. De tal forma que la referencia de calles, no necesariamente corresponde a la concepción que actualmente tenemos de dichas vías, por lo cual se infiere que debieron de tratarse de caminos de terracería en la delimitación de los cuadrantes que conformaban el asentamiento.

La información proporcionada en 1580 por el alcalde de Xalapa, don Constantino Bravo de Lagunas, se corrobora con los datos registrados por fray Antonio de Ciudad Real, quien acompañaba a fray Alonso de Ponce en su recorrido por las diócesis de la Nueva España. En su trayecto visita Coatepec el día primero de marzo de 1589 y registra la siguiente referencia:

“…y andadas dos leguas y pasados en ellas cuatro arroyos, llegó temprano a un bonito pueblo de aquella guardianía [Convento de Xalapa] llamado Coatepec, muy vicioso y fértil de plátanos y otros frutales, que se riegan con acequias de agua muy buena que entra en el mesmo pueblo y pasa por todas las calles y casas. Recibiéronle los indios con música de trompetas, flautas y chirimías, y ofreciéronle dos grandes racimos de plátanos y muchas piñas de tierra caliente…” (7)

Los datos referidos en ambas fuentes históricas permiten corroborar la existencia en forma del “Pueblo de Indios” de Coatepec, y no existe justificación para negarle la categoría como tal desde la segunda mitad del siglo XVI.

Hacia el año de 1590, se lleva a cabo una denuncia ante las autoridades novohispanas por parte de los indígenas de Quatepeque [Coatepec], en lo referente a los perjuicios causados en sus campos de cultivo por el ganado de don Francisco Hernández de la Higuera, aparte de los hurtos que les hacían los esclavos y criados del ingenio. La información registrada en dicha denuncia permite deducir que las tierras del asentamiento indígena, ya se encontraban delimitadas y reconocidas por la administración de la Alcaldía Mayor de Xalapa (8).

Posteriormente entre los años 1598 y 1599, se lleva a cabo el proceso de reconocimiento de la provincia de Xalapa y los pueblos de su jurisdicción, el cual estuvo a cargo de don Cristóbal de Garibay. Proceso cuyo objetivo implicaba la ratificación o rectificación de las comunidades indígenas, y que en el caso del “Pueblo de Indios” de Coatepec, se ratificó en el año de 1600, motivo por el cual algunos historiadores proponen sea fecha de fundación, sin tomar en cuenta que se deriva de un proceso de reconocimiento del territorio administrado por la Alcaldía de Xalapa (9).

Desde la segunda mitad del siglo XVI y a lo largo del siglo XVII, los indígenas coatepecanos al igual que las otras comunidades de la región, debieron de mantener una producción agrícola de subsistencia, basada principalmente en la siembra de maíz, frijol y calabaza. Dieta alimenticia distintiva de las comunidades indígenas desde la época prehispánica y conservada durante el periodo colonial, misma que se complementaba con el aprovechamiento de frutos, plantas y semillas que se obtenían por recolección.

Por otros documentos conservados en el Archivo General de la Nación, sabemos que los indígenas de Coatepec, se integraron a una serie de actividades relacionadas con la construcción y mantenimiento de la principal vía de comunicación entre el Puerto de Veracruz y la ciudad de México, actividad que les permitió allegarse los recursos necesarios para el cumplimiento de los reales tributos. En sí acciones complementarias que difícilmente les permitían la implementación y desarrollo de alguna otra actividad en beneficio de su economía. Razón por demás para comprender la serie de factores que determinaron su limitado desarrollo, en contraste con los ingenios y las nacientes haciendas.

En diversos documentos del siglo XVII, se registran datos sobre la iglesia del “Pueblo de Indios” de Coatepec, específicamente sobre la participación directa de la comunidad indígena en lo referente al acondicionamiento del recinto sacralizado en el año de 1664, cuando se contrató a un maestro dorador de la ciudad de Puebla, quien se encargaría de elaborar el retablo mayor, mismo que tendría aproximadamente unos cuatro metros de alto por tres de ancho. Dicho retablo se integraría de nueve lienzos con el mayor al centro, donde figuraría la imagen del santo patrón san Jerónimo (10).

Algunos historiadores plantean que la antigua iglesia se encontraba en el espacio que ocupa actualmente el recinto parroquial, pero no se puede sostener dicha propuesta debido a la ausencia de documentos que le avalen, aparte de que el terreno donde actualmente se encuentra la parroquia, formó parte de la extensión territorial otorgada a los indígenas coatepecanos hasta el año de 1701, fecha en que se emite la ordenanza real para la fundación de la actual ciudad.

En cuanto a la antigua construcción religiosa, no se descarta la posibilidad de que la iglesia estuviera construida totalmente de madera y ese sería el factor por el cual en el año de 1669 fue devastada totalmente, a raíz del incendio ocasionado por la caída de un rayo. Situación que determinó la solicitud de la comunidad indígena ante las autoridades novohispanas, a fin de obtener la excepción de tributos durante el lapso de cuatro años y poder llevar a cabo la nueva construcción (11).

La iglesia debió de ser nuevamente construida, por el hecho de que en el año de 1694 fue elevada al rango de curato con base en la cédula del rey de España Carlos II, nombramiento acatado por el obispo de Puebla, don Manuel Fernández de Santa Cruz, quien ratificó el nombre de “San Jerónimo Coatepec” para el asentamiento indígena, título otorgado por las religiosos franciscanos que atendieron inicialmente a la población nativa en el siglo XVI (12). Al ser reconocida la iglesia local en su nueva categoría de curato, debió de influir directamente en la necesidad de ordenar el espacio territorial del asentamiento, con base en las características establecidas por la Corona Española. De tal manera que se emitió la ordenanza real para la refundación del pueblo en el año de 1701 y de acuerdo con el protocolo, se llevó a cabo la congregación por segunda ocasión de la población indígena, en cuyo proceso participaron activamente el gobernador del “Pueblo de Indios”, don Luis de San José y el cura interino don Pedro Jiménez del Campillo (13).

La fundación del nuevo pueblo, se llevó a cabo en el territorio donado por los dueños del Ingenio de San Pedro Buenavista, quienes cedieron el sitio identificado con el nombre de “Cascapulan”, de cuyo punto se marcaron las 500 varas requeridas hacia los cuatro puntos cardinales (14).

El traslado de las familias indígenas al nuevo sitio no debió tarea fácil, sobre todo si tenemos presente el arraigo a los espacios donde realizaban sus actividades cotidianas y en específico el desarrollo de los cultivos que conformaban el sustento diario.

El territorio concedido por los dueños del Ingenio San Pedro Buena Vista, a partir del punto denominado “Cascapulan”, no implicó inicialmente las 600 varas hacia los cuatro puntos como indicaba la ordenanza real. Situación que limitó en buena medida la implementación de espacios para mantener únicamente en la práctica agrícola el sostén de la población, factor que determinó la diversificación de actividades en materia económica, tal como se refiere en el siguiente registro del año 1746:                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

“…San Geronymo Coatepec […] es Pueblo ameno, y produce muchas frutas, mayz, frijol y tabaco, y es el trato en que comercian sus Vecinos, cuyo numero se compone de doce familias de Españoles, doscientas catorce de Mestizos y Mulatos y ciento treinta y ocho de Indios, los más son Harrieros, y los que no se aplican a la engorda del Ganado de cerda para el abasto del Puerto de la Nueva Vera Cruz son todos aplicados al trabajo, pero carecen de tierras, de cuya falta se quejan justamente, pues no son dueños ni aun de las seiscientas varas que S.M. concede a las Poblaciones de Indios, y siéndolo esta, con la recomendación de República y Cabecera de Partido, con tan crecido Vecindario, parece debieran ser al respective sus términos, pero oy se ve reducida al recinto de la Población bajo de sus goteras… (15)

A lo reducido de la extensión territorial del nuevo asentamiento de Coatepec, debemos de incluir la falta de precisión en lo referente a sus límites territoriales. Situación que se hizo evidente, cuando en un primer intento por definir los linderos de la población, se dieron una serie de opiniones encontradas entre la población indígena y los hacendados cuyas tierras limitaban con el pueblo. El Proceso de Amparo de Posesión se llevó a cabo entre los días 17 y 24 de octubre de 1791, fecha en la que se reunieron las autoridades de la Alcaldía de Xalapa, los representantes  de la comunidad indígena y los vecinos cuyas tierras colindaban con el pueblo de Coatepec. 

Desde el inicio del recorrido por los diferentes puntos limítrofes, se fueron dando una serie de contradicciones en la identificación de los linderos, versiones que afectaban directamente la posesión otorgada años atrás a la comunidad indígena, y de paso reflejan la voracidad de los terratenientes españoles. Al grado de que el día 24 de octubre la situación se volvió muy tensa entre ambas fracciones, debido en parte al favoritismo de las autoridades hacia los hacendados. El momento álgido se dio cuando uno de los criados de la Hacienda de la Orduña, señaló un aparente tumulto, mismo que fue tomado como pretexto por parte de autoridades y hacendados para suspender definitivamente el proceso. Circunstancias que determinaron el posterior apresamiento  del licenciado don José Atanasio Hernández, apoderado del común de naturales del pueblo de San Gerónimo Coatepeque, a quién le incautaron sus bienes, bajo el argumento de haber motivado a los indígenas al disturbio (16)

En los siguientes años continuaron  las  demandas de la comunidad indígena de Coatepeque contra los hacendados españoles por los límites territoriales, proceso que se encuentra registrado en el Archivo de Notarías de Xalapa. En un documento signado en los años de 1797 – 1798, donde se asienta lo referente al juicio de posesión solicitado por la comunidad indígena. Situación que determinó la realización del recorrido para concretar de forma definitiva los linderos entre el pueblo de San Gerónimo Coatepeque y las tierras de los hacendados.

Las diligencias se iniciaron el día 7 de mayo de 1798 y estuvieron dirigidas por el Alcalde de la Villa de Xalapa, don José Fernández de Castañeda, quien estuvo acompañado por don José de Arias dueño de la hacienda de San Pedro Buenavista (La Orduña), y el gobernador e integrantes de la República de Indios de San Gerónimo Coatepeque. Las diligencias iniciaron hacia la parte norte, en el río Suchiapa por el camino que va hacia la Villa de Xalapa. Ambas partes en conflicto acordaron que el río seria el límite natural desde su nacimiento al poniente en el denominado Cofre de Perote, mismo que delimitaba los llamados montes de “Cascapulan”, punto desde donde se midió en el año de 1702 el territorio para fundar el pueblo.

El siguiente punto donde se estableció una mojonera fue el “Rancho del Maíz” también conocido como “El Guayabal” (probablemente ubicado al noroeste de la actual ciudad). Desde este punto se midieron 308 varas y se colocó una mojonera, para nuevamente establecer el siguiente punto a una distancia de 233 varas, en el solar de don Alonso Bonilla, y 39 varas hacia el oriente se estableció la siguiente mojonera. Continuaron hacia la parte sur del asentamiento donde se fueron estableciendo las sucesivas mojoneras.

La serie de referencias en cuanto a los puntos donde se establecieron las mojoneras, mismos que corresponden a los nombres de las calles iniciales del asentamiento, permiten deducir que los límites se correspondían prácticamente con la extensión del pueblo, sin dar margen a incluir una buena extensión territorial para el desarrollo de las actividades agrícolas, mismas que les permitiera asegurar el sustento alimenticio de la población. Entre las calles mencionadas se encuentran: calle de los Salgados, la de la Toma, calle Real, calle de los Bajoneros y calle del Mestizo. Continuaron las diligencias hasta el siguiente punto que corresponde al rio de Aguacapa y culminaron en un plan atrás del cerro (actualmente los Carriles).

Podemos determinar con base en los parajes y calles registradas durante el proceso de deslinde y amojonamiento de los límites territoriales, que don José de Arias cedió a los indígenas sólo una parte de la extensión territorial que originalmente le correspondía a un asentamiento novohispano, según los lineamientos establecidos por la Corona Española en lo referente al fundo legal. Aun así es importante destacar la relevancia del proceso para delimitar el territorio de lo que actualmente es la ciudad de Coatepec (17).

1845 El día 15 de noviembre se erige en Cabecera de Cantón el pueblo de Coatepec, el cual se integró por las siguientes poblaciones: Apazapan, Jalcomulco, Xico, Teocelo, Ixhuacán de los Reyes y Ayahualulco, con aproximadamente veinticuatro mil habitantes.

El día 17 de diciembre de 1886, el Gobernador del Estado de Veracruz, General Juan de la Luz Enríquez, le concedió el título de Ciudad a Coatepec, por decreto número 78 del Soberano Congreso del Estado. 

Referencias Bibliográficas

1.- Jean Pierre, Berthe, “El Cultivo del Pastel en la Nueva España, Historia Mexicana, tomo 9, vol. 3, enero-marzo, México, 1960, pp. 340 – 367.

2.- Rebolledo, Antonio Mateo, “Apuntes Históricos y Geográficos de la Villa de Coatepec”, en: Leonardo Pasquel, Serie Historiografía, Coatepec I, Editorial Citlaltepec, Xalapa, Ver., 1959, pp. 73 – 141

3.- Bonilla Palmeros, Jesús Javier, San Jerónimo y Tepeyollotl: entre cerros, cuevas y templos, Impresora Toscana, Coatepec, Ver., 2015

4.- Libro de Tasaciones de Pueblos de la Nueva España, Prólogo de Francisco González de Cossío, México, Archivo General de la Nación, 1952, pp. 137 – 138

5.- Bonilla Palmeros Jesús, op. Cit., p. 35

6.- Constantino Bravo de Lagunas, “Relación de Xalapa”, en: Paso y Troncoso, Francisco del, Papeles de la Nueva España, tomo V, Madrid, España, Estudios Tipográficos Sucesores de Rivadeneyra, 1905, p. 121

7.- Antonio de Ciudad Real, Tratado Curioso y Docto de las Grandezas de la Nueva España, 2 vols., vol. 2, UNAM, 1993, p. 387

8.- AGN, Indios, vol. 3, exp.153

9.- AGN, Indios, vol. 6, expedientes 922 y 964

10.-  Índice del Archivo Notarial de Xalapa. Protocolos 1617, 1632 – 1645, 1645 – 1651, Introducción de Gilberto Bermúdez Gorrochotegui, Xalapa, Ver., Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, 1998, doc. 1 de enero de 1644, fs. 448-450.

11.- AGN, Indios, vol. 13, exp. 153.

12.- Antonio Mateo Rebolledo, op. Cit., pp. 127-128.

13.- Ídem

14.- Ibíd, p. 105

15.- Villaseñor y Sánchez, José Antonio de, THEATRO AMERICANO. Descripción general de los reynos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones, 2 Tomos, libro segundo, Introductorio de Lic. Francisco González de Cossío, EDITORA NACIONAL, S. A., México, 1952, pp. 284-285

16.- AGN, Ramo de Tierras, vol. 2692, exp. 14.  

17.- Archivo de Notarías de Xalapa, año 1798, ff. 133v – 137v.